Letting Go : Dejando ir

Oct 29, 2018

There is one small detail in the story of blind Bartimaeus that we might easily overlook. It is a small detail but one that symbolizes something important in our spiritual journey. The small detail is this: After Bartimaeus overcame the discouraging words of those who were scolding him to keep quiet, he suddenly leapt to his feet and the text says: “He threw aside his cloak...” His action symbolizes for us the importance of letting go.

Keep in mind that for a poor beggar like Bartimaeus, throwing aside his cloak was like one of us throwing aside our cell phone. It was likely the only piece of clothing he owned. It would have protected him from the cold. It would have been his blanket at night. Bartimaeus was, in effect, letting go of something very important to him.

Bartimaeus teaches us that we need to let go. When we become aware of Jesus passing by in our lives, when we hear him calling us, we need to let go. Let go of what? Here are some possibilities.

Let go of what Richard Rohr, OFM, calls The Three Big Demons.

The First Demon is the compulsion to be successful and competent and thus to be admired. This is the demon faced by Jesus during his temptation in the desert. He was tempted to turn stones into bread. Had he yielded to this temptation, he would have been regarded as a great success. He would have been admired. People would have thought he was the greatest. Instead, Jesus took the path of humility. And that is the path we must follow, if we are to outsmart this demon.

The Second Demon is the compulsion to be right.  This demon afflicts us as a disguised ego trip. It can appear in our daily lives at work where we might choose to be overly critical of another’s political opinions or religious beliefs. We may openly scorn the person who has views different from our own, or we may simply write that person off in our minds as being inferior to ourselves. Sometimes it is better to remain silent.

The Third Demon is the compulsion to be powerful, to have everything under our control. Again, Jesus faced this demon in the desert when he was offered all the kingdoms of the world. Probably the one movement that has done the most to identify and face this demon is Alcoholics Anonymous.

 The first step toward recovery in the AA program is to acknowledge that we are not in control of our lives. When we live with a compulsion to be in control, it is impossible for God to reach us. There is no need for God when we are in complete control of our lives.

So, like Bartimaeus, we let go. But we let go, not into helplessness, but into God. When we let go of the Three Big Demons, we find ourselves more aware of a deeper, more authentic self. It is a self filled with an abundance of life. The demons are replaced by angels of light. We are able to see the world and those around us in a different light. Some call this contemplation.

And it all begins with letting go.

-Deacon Mike Bulson

 

 

Dejando Ir

Hay un pequeño detalle en la historia del ciego Bartimeo que podemos pasar por alto fácilmente, pero que simboliza algo importante en nuestro viaje espiritual: después de que Bartimeo superó las palabras desalentadoras de quienes lo regañaban para que se callara, de repente se puso de pie y el texto dice: "Él tiró su capa..." Su acción simboliza para nosotros la importancia de dejar ir.

Tenga en cuenta que para un pobre mendigo como Bartimeo, arrojar su manto fue como si uno de nosotros tirara nuestro teléfono celular. Probablemente era la única pieza de ropa que poseía, la cual le protegía del frío, habría sido su manta por la noche. Bartimeo estaba dejando ir algo muy importante para él.

Bartimeo nos enseña que tenemos que dejarlo ir. Cuando nos damos cuenta que Jesús está pasando en nuestras vidas, cuando lo escuchamos llamándonos, debemos dejarlo ir. ¿Dejar ir a qué? Dejar ir lo que Richard Rohr, OFM, llama Los tres grandes demonios: El primer demonio es la compulsión de ser exitoso y competente y, por lo tanto, de ser admirado. Este es el demonio que Jesús enfrentó durante su tentación en el desierto. Tuvo la tentación de convertir las piedras en pan. Si hubiera cedido a esta tentación, habría sido considerado como un gran éxito, consiguiendo la admiración de las gente que lo hubieran juzgado como el mejor; sin embargo, Jesús escogió el camino de la humildad. Y este es el camino que necesitamos seguir, si queremos vencer a este demonio.

El Segundo Demonio es la compulsión de considerarnos correctos. Este demonio nos aflige como un viajero disfrazado por medio de nuestro ego. Puede aparecer en nuestra vida cotidiana en el trabajo, donde podríamos elegir ser demasiado críticos con las opiniones políticas o creencias religiosas de otros. Podemos despreciar abiertamente a la persona que tiene puntos de vista diferentes a los nuestros, o simplemente considerar a esa persona como inferior a nosotros. A veces es mejor guardar silencio.

El Tercer Demonio es la compulsión de ser poderoso, de tener todo bajo nuestro control. Una vez más, Jesús se enfrentó a este demonio en el desierto cuando le ofrecieron todos los reinos del mundo. Probablemente el movimiento que más ha hecho para identificar y enfrentar a este demonio es Alcohólicos Anónimos.

El primer paso hacia la recuperación en el programa de AA, es reconocer que no tenemos el control de nuestras vidas. Cuando vivimos con la compulsión de estar en control, es imposible que Dios nos alcance. No hay necesidad de Dios cuando estamos en completo control de nuestras vidas.

Entonces, como Bartimeo, nos dejamos ir, pero lo dejamos ir, no al desamparo, sino bajo el amparo de Dios. Cuando dejamos ir los Tres Grandes Demonios, nos encontramos más conscientes de un ser más profundo y auténtico. Es un yo lleno de abundancia de vida. Los demonios son reemplazados por ángeles de luz. Podemos ver el mundo y lo que nos rodea desde una perspectiva diferente. Algunos llaman a esto contemplación.

Y todo comienza con dejar ir.

-Diácono Mike Bulson